Comunicación interactiva, catálogos interactivos, publicidad interactiva, médicos interactivos, diccionarios interactivos, DVD interactivos, cuentos interactivos, mapas interactivos, medios de comunicación interactivos, museos interactivos… Sin lugar a dudas “interactivo” es la coletilla del siglo XXI. Todo debe tener su “versión interactiva” o los cada vez más abundantes geeks de este planeta no tardarán a verlo como algo obsoleto, arcaico, retro… ¡¿Creéis que exagero?! De eso nada. El desarrollo tecnológico y nuestra adaptación a él están yendo tan increíblemente rápido que prácticamente no nos estamos dando ni cuenta…
Una servidora aun no ha visto ni siquiera un programa de la famosa “televisión 2.0” y ya me están hablando de cosas en su versión 4.0… ¡¿Y qué decir del día que me dijeron que Google esta quedándose anticuado!? ¡¿Google?! ¡¿Anticuado?! ¡¿Estamos locos o qué?! Parece ser que sí. Por lo visto, Google ya no es suficientemente inmediato para nosotros. Ahora necesitamos saber y ver lo que está pasando en este mismo instante, no lo que pasó ayer o hace 8 horas, lo que pasa AHORA (y si pudiéramos ver lo que pasará mañana en alguna web… seguro que también la tendríamos archivada en “Favoritos”).
La cuestión es que todo lo que nos rodea se está adaptando a la llegada (por no decir “invasión”) de las tecnologías. Y es que parece ser que ahora “virtual” e “interactivo” son las palabras mágicas que cualquier cosa debe añadir tras de sí para poder considerarse como algo verdaderamente moderno y actual… Y ¿acaso no es el arte una de las cosas que deben disponer de su versión más moderna y actual? El arte no puede quedar obsoleto ante ningún avance de la sociedad, por ejemplo, ¿que ahora la sociedad debe recicla? Pues ahora hacemos arte reciclando materiales y objetos (en este ámbito, personalmente destaco el trabajo del diseñador Stuart Haygarth, como por ejemplo: http://www.opendeco.es/el-arte-del-reciclaje-o-el-reciclaje-en-el-arte/ ). No es de extrañar entonces que, hoy en día, en una sociedad en la que manda la interactividad, surgiese el llamado “arte interactivo”, en el que el espectador se introduce dentro de la obra y participa personalmente en su creación/modificación/resultado final… El siguiente ejemplo me parece increíble, no sólo por la obra si no por haber sido realizada en ¡1999!: http://totonko.com/2008/05/espejo-de-madera/ .
Ya tenemos el arte interactivo. ¡Bravo! Pero… Esta es la sociedad de Internet y de los ordenadores ¿no? O eso dicen vaya… Pues va a ser que vamos a tener que inventarnos algún tipo de arte cuya finalidad primera sea Internet ¿no? Bienvenidos al Net.art, un tipo de arte que abarca todas aquellas creaciones que han sido creadas sólo por y para Internet. En el Net.art, la red se convierte en el soporte de las obras e Internet se vuelve imprescindible para el visionado (es decir, no será Net.art todo aquello que se pueda reproducir offline). Pero más allá de que se trata de un arte exclusivo de la red, otra de sus principales características es que emplea recursos de la web como materia prima para la producción de la obra, es decir, ¿qué sentido tiene utilizar un ordenador para reproducir e imitar el estilo de los cuadros al óleo? Para eso ya tenemos el óleo… La clave del Net.art está en utilizar al máximo los recursos que nos ofrece la red y que, como muchos artistas del Net.art dicen literalmente “que la obra no tenga sentido fuera de la red”. El Nat.art es una forma más de arte interactivo, es el arte interactivo virtual por excelencia… Ahí va un ejemplo de obra de Net.art, esta es una de mis preferidas, no sólo porque alcanzo a comprenderla, sino porque trata un tema de la red que personalmente me fascina: la infinidad y la interconexión que surge de los hiperlinks: http://aleph-arts.org/art/heartbeat/index.html#



Pero la cosa no queda ahí. ¿No crees que si somos capaces de curar enfermedades y arreglar discapacidades podemos ser capaces de crear capacidades nuevas? Me refiero a ser cyborgs de verdad, personas mejoradas tecnológicamente: lograr ser más rápidos, ampliar nuestra visión, tener más memoria, comunicarnos telepáticamente… Todo esto parece lejano, pero no lo está. Los dispositivos son cada vez más pequeños, las conexiones cada vez son más amplias y móviles, las tecnologías cada vez tienen más funciones nuevas… ¿Quién nos impide tener un microchip conectado al cerebro y que sea capaz de emitir y recibir información mediante Wifi?
Increíble. ¡Puedo tener mi propio TODO! Y no, ni me ha tocado la lotería, ni he recibido una suculenta herencia… No estoy hablando de comprar nada, estoy hablando de CREAR. Sí, señoras y señores, con todos los respetos del mundo, procederé a compararnos a nosotros, los mortales humanos del s.XXI, con el mismísimo Dios en lo que a creación y omnipresencia se refiere.

